
Una mirada a la familia de hoy
En el mundo actual el problema no es social, es neta y exclusivamente personal…
A diario se escuchan las quejas: los niños cada día están peor; la intolerancia se apoderó de los jóvenes; la justicia ya no existe, se perdieron los valores; ya no existen los principios, cómo será la vida en diez años.
Estas frases, que si bien están cargadas de realidad, no reflejan únicamente las acciones de los ciudadanos en un ámbito social, sino que por el contrario, indican las falencias en el corazón de las estructuras familiares, más exactamente en el interior de las personas.
La reflexión apunta hacia los autores de los “problemas sociales”. Son personas quienes atacan con ácido, como también aquellos que acceden carnal y violentamente a otro(a), o que violentan físicamente (alcanzando en ocasiones la muerte) por apropiarse de unos cuantos pesos y son también personas aquellos que golpean a sus cónyuges. No dejan de ser personas aquellos que no pagan el pasaje en el sistema de transporte masivo, ni tampoco los que roban, difaman, calumnian, amenazan y se aprovechan del prójimo.
Pues bien, ¿qué sucede entonces? La respuesta nos lleva por un recorrido social – familiar – personal, que desemboca en la estructura trascendente de la persona. No es del todo cierto que los seres humanos hoy posean altos índices de enfermedades de salud mental, como tampoco lo es que no sean capaces de perdonar.
A los niños y niñas, jóvenes y adolescentes se les “prepara” para afrontar dificultades que se enmarcan en lo físico, biológico o sensitivo. Es decir, que reciben formación y educación para el hacer.
A diario los niños aprenden a asear su cuerpo, sus dientes, lustrar sus zapatos, sentarse a la mesa, asear su nariz e incluso a comer sus alimentos. Sin embargo, no poseen conocimiento alguno frente a los hábitos, las conductas, las virtudes y los principios.
Dirían algunos que esa información la poseen todos los niños, bien en casa, bien en la institución educativa. Sin embargo, la estrategia no puede apuntar a que conozcan los significados o las definiciones de estas palabras, debe ser integral, completa y argumentada. Y no existe otra posibilidad para enseñarla, que cuando se observa y se aprende mediante el ejemplo.
Y es éste el talón de Aquiles: los padres de familia (en algunos casos con dificultad en su estructura personal y sin haber contado con las herramientas utilizadas para elegir a su cónyuge y por lo tanto viviendo consecuencias de su equivocada causa) intentan enseñar a sus hijos los valores, las virtudes y los principios desde la pedagogía educativa. En otras palabras, explicando lo que deben hacer, pero sin la autoridad de enseñar con el ejemplo.
Situación gravosa en cuanto los hijos se forman (la familia es una comunidad formadora de personas) con defectos y fisuras de fondo más que de forma, inhabilitándolos para convivir, en familia, en sociedad y en comunidad.
Son los padres de familia quienes debemos “aprender” e incluso “desaprender” lo vivido, para rectificar y poner en orden la casa. Difícil será siempre dar de lo que no se tiene, y los hijos serán “la continuación de la existencia” de los padres, y “condenados” a su destino, repetirán la historia.
Más allá de la ciudadanía, de la tradición y la cultura, existe la persona que debe ser dueña de sí; que debe ser suficiente para desarrollarse, proyectar y alcanzar la plenitud.
Tarea árdua para joven adolescente y el joven adulto, que carece de la formación estructural trascendente, que le permite modificar el hábito, la conducta y por ende su personalidad.
Mejores personas serán definitivamente mejores ciudadanos, mejores esposos y esposas, hijos, hermanos, jefes, subalternos y amigos. Ahora no es momento de formar por roles, es momento de formar personas.
Edgar Moreno Morales
Máster Matrimonio y Familia
Director Ejecutivo



